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Zona de los Altos, se caracteriza no solo por ser cuna de la charrería,
por su prestigio ganadero o por su papel protagónico en el desarrollo
histórico del estado de jalisco, sino también por el orgullo
con que sus habitantes han sabido mantener intactas sus tradiciones, resistiendo
los estragos de la modernidad.
En
esta zona destaca la arquitectura religiosa. Si se observan los lugares
desde los alrededores se aprecian poblaciones bajas en donde se levantan
impresionantes templos con altas torres. Tal es el caso de San Juan de
los Lagos, población visitada por millones de personas que asisten
al santuario de la Virgen. Este lugar gira en torno a este fenómeno
religioso. Ofrece una importante infraestructura hotelera para los turistas.
Un
poco mas al norte se localiza Lagos de Moreno con su impresionante parroquia
de la Asunción y hermosas construcciones de cantera. Este sitio
es un importante centro ganadero que ofrece al turista una diversidad de
productos lácteos de gran calidad. En los altos también destaca
el poblado de Ojuelos, donde vale la pena conocer El Fuerte, una construcción
del siglo IX de portentosa arquitectura y valor histórico.
Para
los que gusten de las fiestas tradicionales no hay como la población
de Encarnación de Díaz que realizan festejos muy importantes.
Sus carnitas son dignas de probarse. Los que buscan artesanías muy
particulares tendrán que conocer Teocaltiche donde con hueso tallado
se realizan bellas piezas. En esta zona no hay que olvidarse de visitar
Atotonilco, lugar donde se venden finos tequilas.
En
definitiva, los Altos dejan entrever el pintoresco y apacible ambiente
de la cultura jalisciense, que le dan gran importancia a los símbolos
religiosos, como lo demuestra la región alteña.
La
fortaleza en sus principios ha llevado a Los Altos a representar la imagen
folklórica que identifica a los jaliscienses: hombres recios a caballo
recorriendo espectaculares haciendas, mujeres hermosas---las lindas alteñitas---,
la destreza en el arte de la charrería.
Disfrutar
de Los Altos es caminar por calles empedradas, maravillarse con fachadas
y columnas de cantera, asolearse en apacibles plazas, respirar aires campiranos
y paladear sus ricos platillos.
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